LA GRAN ESTAFA DE LOS ORMU

(Recordando el inicio del canal hace algunos años)

Por Tino Pérez

La cultura va de la mano con el estado de prosperidad de un país; siendo Nicaragua el segundo país más pobre de América Latina, el nivel cultural nuestro tendrá que ser empujado vertiginosamente para que los beneficios inherentes del canal anunciado no vayan a otras partes, sobre todo en la etapa inicial del magno proyecto.
Los expertos dicen que estamos casi aplazados en cultura clásica, estamos invadidos de cultura de masas y más que aplazados en cultura tecnológica.
Hace un par de meses, la Sra. Murillo, encargada de encauzar la cultura en las escuelas, lanzó su iniciativa de “vivir bonitos, sanos, limpios y bien”. Hasta el momento, puro bla, bla, sin progreso a la vista.
Debe haber mucho cerebro quemado en el Búnker de El Carmen por iniciar la revolución cultural que se necesitará para estar preparados con las demandas y el impacto cultural que este proyecto significa en la vida normal de todo ciudadano nicaragüense. Quizá, la tradicional cultura clásica se descuide y sea reinventada con la cultura de masas que entra por la televisión, la radio, las revistas, las redes sociales, etc. Pero lo más urgente será lograr un nivel aceptable en cultura tecnológica donde la competencia es feroz y a todas luces estamos en cero. Veremos cuando sale humo blanco del nuevo Búnker para palpar si hay visión y responsabilidad práctica de los Ortega Murillo más allá de la dicha de multiplicar sus fortunas familiares con esta concesión privada y autoritaria a la improvisada empresa china de Mr. Jing.
El señor Jing está de regreso en Nicaragua, fue recibido por Laureano, el delfín encargado de coordinar los grandes negocios familiares para perpetuar la dinastía con suficiente combustible, y se espera que al calor de las fiestas partidarias, se haga el anuncio oficial. Entonces el secreto se desvanecerá, se sabrá de la ruta escogida, de los que están detrás, de los beneficiados en particular y del reclamo de los Ortega como benefactores y dueños del país.

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