ENTRE CAÑONES Y BANDERAS

ENTRE CAÑONES Y BANDERAS

“Nuestra Rebelión Cívica”

Por Tino Pérez

Desde tiempos inmemoriales se ha dicho: “en cada comienzo hay un fin y en cada fin hay un comienzo”. Volvemos la mirada hacia el pasado y analizando los desenlaces en los momentos críticos de nuestra historia, pretendemos comprender el presente y hasta predecir el futuro. Todo esto es sentido común, es simple atención a los detalles registrados en nuestra historia alrededor del comportamiento de los dirigentes políticos en sus respectivos períodos de gobierno. En un simple verso de su poema dedicado a Cristóbal Colón, Darío describe este proceso:

Al ídolo de piedra reemplaza ahora
Al ídolo de piedra reemplaza ahora
el ídolo de carne que se entroniza,
y cada día alumbra la blanca aurora
en los campos fraternos sangre y ceniza,

Luego, en otro verso enfatiza y entrelaza el ambiente precolombino con el futuro que en Nicaragua por lo general, es presente oscuro:

Las ambiciones pérfidas no tienen diques,
soñadas libertadas yacen desechas.
¡Eso no hicieron nunca nuestros Caciques,
a quienes las montañas daban las flechas!

Todos los grandes poetas nicaragüenses se han inspirado en este fenómeno político nacional de rivalidad dual, partidista y enfermiza por exaltar los intereses personales  sacrificando los nacionales.

 Pablo Antonio Cuadra es insuperable en esta denuncia que ha plasmado con extraordinaria elocuencia en su poema El Hijo de Septiembre, poema que debería ser recitado en cada escuela del país como introducción a la historia política de nuestra nación: 

Yo pelié con don Gil en la primera

guerra nicaragüense. De muchacho era indio y español y al unísono me herían.

Tengo el grito bilingüe en las dos fosas

porque me dieron flechas en el lado blanco y balas en mi dolor moreno.

Más tarde, en el 21, se batieron

mis dos mitades fértiles en sueños:

el ORDEN con el Rey, y fui colgado;

la AVENTURA —demócrata— a empellones de alegre 

libertad y… ¡fusilado! ¡Lindo túmulo Septiembre para flores! 

Pasando a sangres más fáciles la pólvora sonó después en funerales bipartitos:
Me fueguié liberal hasta el sepelio
con discursos en León. Pero en Granada me enterraron de verde y con tambores.
¡Histórica es mi muerte en dos versiones!

Hoy de pobre peleo con el rico:
me soy patrón o me declaro obrero
en huelga general mi Sindicato.
Bicéfalo ataúd llevan mis restos,
pues cuando quiero libertad me mato
y cuando tengo libertad me muero!

Tan elocuente como su poema El hijo de Septiembre, es esta advertencia histórica que cada día tiene más valor ante la ceguera de los OrMu, la brutalidad de sus huestes y el abuso de sus cómplices:

“Nuestra historia ha sido tan dramática que cada generación se ha sentido como quien se salva de una catástrofe: entre un pasado más o menos en escombros y una historia que hay que fundar de nuevo.”

Aún falta comprobar el desenlace. Todos los mecanismos de control y represión aún están intactos. El régimen cultiva el arte de mentir, los siervos se envalentonan y lucen prepotentes. El destino siempre nos lleva por esa ruta trillada que aún se nos hace difícil abandonar; aunque cargados de esperanza, nadie puede decir con seguridad lo que nos espera a la vuelta del recodo. Con optimismo y confianza en el nuevo despertar, lo más sensato será analizar como siempre, el largo camino que comenzó con el cruel Pedrarias y se prolonga ferozmente con los OrMu como una persistente maldición. Aquel se fue de este mundo a los noventa años, decrépito y cansado; éstos van por los setenta y tantos, enfermos, desprestigiados y bien apegados a la riqueza que ineludiblemente se abandona y al poder que siempre se pierde.

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