Carta abierta a monseñor Stanislaw Waldemar Sommertag

Carta abierta a monseñor Stanislaw Waldemar Sommertag

“No puedo concebir el sufrimiento de los prisioneros políticos, a causa de las torturas en las mazmorras inmundas de las cárceles Orteguistas”

Maria Nicaragua

Del muro de Maria Nicaragua

Carta abierta a monseñor Stanislaw Waldemar Sommertag

Managua 17 de Mayo
Monseñor Stanislaw Waldemart Sommertag,
Nuncio Apostólico en Nicaragua

Con inmensa tristeza e indignación, constato que, a pesar de ser un clérigo que ha recibido el ministerio del orden episcopal, “Para apacentar al Pueblo de Dios, a fin de que gocen de la verdadera dignidad cristiana”, usted ha olvidado su misión de velar por el pueblo. Un profeta tiene que ser un hombre crítico, pero lleno de amor y de compasión.

El buen pastor, es aquel que atrae a las “ovejas” por tener autoridad moral; no por su poder dominante y arrogante como es el suyo. El pastor bueno atrae por su sensibilidad al dolor ajeno, como Jesús (Jn.10.8-9). Atrae por su honestidad, y no mintiendo y engañando hábilmente. El Buen Pastor es aquel que está siempre vigilando y se juega la vida por el rebaño para que el pueblo de Dios tenga vida y libertad. Para que no viva bajo la esclavitud. El buen Pastor no desparrama, más bien une como Jesús. ¿Qué hizo usted para proteger a monseñor Silvio José Báez, de las turbas orteguistas que querían su muerte? Usted, como Pilatos se lavaba las manos, mientras las hordas pedían libertad para Barrabás y crucifixión para Jesús. Ni usted, ni el cardenal Leopoldo Brenes le dieron protección. Qué vergüenza y que dolor que no haya sido la nunciatura la que le haya dado protección, sino más bien la embajada de los Estados Unidos.
La diplomacia de la Santa Sede tiene como tarea buscar vías justas y humanas, teniendo en cuenta el bien común. Le recuerdo, por si lo ha olvidado, que los Papas Pablo VI y Juan Pablo II, definieron muy bien la función de los nuncios apostólicos: “No son tecnócratas ni políticos, son pastores, hombres de Iglesia, formados humana, académica y sacerdotalmente para realizar su tarea “para el bien de la Iglesia y de la sociedad civil”. En este sentido, usted está en nuestro país para ayudar a salvar vidas y hacer más humana la convivencia entre hermanos. Esto es propio del espíritu evangélico. Usted tiene que reflejar mejor la compasión hacia el débil y el desprotegido; pero con su actitud arrogante, insensible e indiferente, usted está alejando a las “ovejas” del redil. ¿De qué lado está usted? ¿Del lado de Barrabás o de Jesús? ¿Se habrá puesto del lado de un Estado terrorista que destruye vidas humanas, que divide a las familias y secuestra las libertades del pueblo al que usted debe “apacentar”?
Las fotos hablan por sí solas. Usted sonríe alegre y complacido cuando está al lado de los déspotas y asesinos de El Carmen; pero pone una cara de amargura y de insatisfacción cuando tiene que desarrollar su ministerio pastoral, en favor del pueblo. Sólo basta recordar cuando estaba en el autobús que los trasladaba hacia Masaya, aquel 21 de junio 2018. Y qué decir, cuando en medio de la mal llamada “operación limpieza”, que en realidad fue una masacre contra los que luchaban por su libertad; usted fue a sentarse en el estrado de los invitados de la pareja sanguinaria Ortega-Murillo, para conmemorar el 19 de julio. Mientras en sus propias narices, el asesino y violador Daniel Ortega, arremetía e incitaba al odio contra sus hermanos del clero, usted compartía un acto político junto al dictador, sus esbirros y sus turbas adoctrinadas. Usted nunca se pronunció sobre eso. ¿Para qué sirve entonces su cargo de embajador de El Vaticano? Sería bueno que vuelva a leer lo que dice el Derecho Canónico para refrescar su memoria.
Cómo no recordar las fotos junto a algunos rehenes políticos en la cárcel La Modelo, El Chipote y en La Esperanza. Su visita dejó mucho que desear. Desgraciadamente, los testimonios de algunos de ellos, descubrieron su falta de compasión hacia los privados de libertad por oponerse a las injusticias del régimen. Usted sacó a relucir su perfil de diplomático intolerante, más que el de su función pastoral y misionera.
¿Será usted ciego, insensible? ¿No ve la crueldad de estos monstruos que están enlutando nuestro país desde hace ya un año? Esa es la verdadera miseria humana: la deshumanización. Pídale a la dictadura que desarme a los paramilitares. Que permitan la libertad de expresión y de manifestación, por ser un derecho legítimo del pueblo. Pídale que deje de perseguir a la Iglesia nicaragüense y a acusar al pueblo de terrorista y golpista. Denuncie las mentiras, las torturas, los asesinatos de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Interceda para que los presos de conciencia sean liberados inmediatamente. Esa es su verdadera función y su misión pastoral. No se quede callado mientras el Estado criminal pisotea la dignidad de los seres humanos.
No creo faltarle al respeto escribiéndole esta carta. Lo que me ha motivado es el dolor que siento por el sufrimiento de mi pueblo, de mis hermanos nicaragüenses. No puedo ser indiferente ante el dolor de las madres que sufren por la pérdida de sus hijos, asesinados vilmente por la dictadura Ortega-Murillo. No puedo concebir el sufrimiento de los prisioneros políticos, a causa de las torturas en las mazmorras inmundas de las cárceles orteguistas. Yo me apropio del sacramento de mi bautismo, que me hace partícipe de la triple función de Cristo: Sacerdote, Rey y Profeta. Sería cobarde de mi parte, como cristiana, de quedarme callada constatando su actitud blandengue ante la manipulación y el cinismo de esta dictadura perversa. Como cristiana católica que soy, amo profundamente a mi Iglesia y a mis pastores. No me cansaré de orar por usted, para que el Espíritu Santo que recibió en su confirmación, y cuando fue ordenado obispo, le ayuden a encontrar la verdad en el fondo de su corazón. “In interiore homine, habitat veritas”, decía San Agustín.

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