El poder del pueblo soberano. La salida constituyente.

El poder del pueblo soberano. La salida constituyente.

Fraude Electoral

Por Alvaro Quintana Duarte. Abril 01, 2021

Me preguntan, “¿pero que podemos hacer? ¿Cómo convencemos a los EE.UU, OEA, ONU y la Comunidad Internacional?” Mi repuesta simple y diáfana; debemos pasar a la acción, dejando de reaccionar a los movimientos del sistema dictatorial, no participando en elecciones con el dictador. Debemos desobedecer, implementando la lucha no violenta bajo una dirección estratégica unificada, capaz de derrotar a la dictadura en los movimientos tácticos por medio de la movilización popular para demostrar al mundo que somos una alternativa y no un vacío de poder.

No se trata solamente de RENACER como una consolación y extensión de la cohabitación en una República muerta. Se trata de NACER a un nuevo orden, aplicando la justicia, no prestándose al juego de la legitimación del sistema dictatorial. La salida no debe ser constitucional. La salida debe ser constituyente.

La desunión es criminal

La espontaneidad de abril, así como la mala voluntad del sandinismo y el gran capital, negando la unidad de la verdadera oposición fue comprensible y condenable en ese contexto histórico. Hoy, a tres años de abril, es injustificable y condenable. La falta de unidad no es solamente una estupidez colectiva, sino que es tan criminal como el sistema dictatorial. Cada día que pasa sin la consolidación de la unidad del pueblo como comunidad política, es un día más de muerte y miseria para el pueblo. La insensatez y falta de humildad de muchos líderes opositores que eluden la unidad es cómplice criminal de la dictadura.

Vacío de poder

El pueblo desunido siempre será vencido. Un pueblo desunido no es pueblo. Es simplemente una masa de personas sin fondo, sin forma, sin identidad política, sin objetivos, sin rumbo fijo, sin plan de nación. Un pueblo desunido no puede ejercer su soberanía. Un pueblo desunido es un vacío de poder.

Los poderes fácticos y el contrapoder

Los poderes fácticos al margen de las instituciones políticas, ejercen una gran influencia en el presente y futuro del país. Son los grupos de poder de la oligarquías sandinista y el gran capital con sus 210 millonarios que poseen en los paraísos fiscales la suma aproximada de US$ 30 mil millones de dólares, una suma tres veces mayor que el PIB de Nicaragua. Está también la iglesia, los medios de comunicación, los estamentos militares, los movimientos sociales, las diferentes ONG’s y los carteles mafiosos. Casi todos interesados en preservar el status quo.

La frase de un reconocido sociólogo de que “hay que forjar un contrapoder” para hacerle frente a la dictadura y tener relevancia entre los poderes fácticos, no debería ser otra cosa que luchar por la unidad y ejercer el poder del pueblo soberano. Ese poder, -el verdadero poder-, siempre ha estado a la disposición del pueblo. Simplemente lo hemos ignorado.

El poder del pueblo soberano

El poder del pueblo soberano, es el poder supremo de la nación, no subordinado a ningún otro poder. El pueblo soberano tiene la libertad de autodeterminación de crear sus propias leyes, elegir sus formas de gobierno, sus gobernantes, y decidir sobre sus asuntos sociales, políticos y económicos, sin ningún tipo de injerencia de otros Estados o naciones. [1] Por lo tanto, el pueblo soberano tiene plena potestad para ejercer la autoridad suprema dentro del territorio nacional.

Soberanía

La expresión “obedeciendo el mandato del pueblo soberano” se lee y escucha por doquier pero sin que se comprenda su verdadera dimensión e importancia como la herramienta indispensable para derrocar al sistema dictatorial. No se profundiza en el tema por su complejidad en el campo del derecho.

El origen, el concepto y el titular de la soberanía

Si nos limitamos a entender el concepto de soberanía en función de como los gobernantes ejercen el poder del Estado sobre los gobernados, resulta evidente que la soberanía no es nueva y la misma puede rastrearse hasta la filosofía política clásica. No obstante, para el consenso mayoritario, la soberanía es un concepto moderno. El mismo se atribuye a Jean Bodin, jurista y filósofo francés (1530-1596), quien formuló la noción de soberanía de la forma en que hoy en día conserva vigencia. [2]

Bodin presentó la idea de la soberanía como una solución para el problema de la guerra civil francesa causada por razones religiosas. La paz sólo se podía lograr si el rey tenía la suficiente fuerza para imponer la tolerancia religiosa a todas las partes en disputa. Ninguna de las partes podrían hacer uso de la fuerza sin al mismo tiempo estar realizando una agresión al poder real, esto es, cuestionando su soberanía. [3]

Con el tiempo el concepto de soberanía ha evolucionado con el aporte de grandes juristas y filósofos. Según Carl Schmitt, jurista, politólogo y filósofo alemán (1888-1985), el soberano es el que decide sobre el estado de excepción: … Soberano es quien tiene el poder de decisión, de dar las leyes sin recibirlas de otro, es decir, aquel que no está sujeto a leyes escritas, pero sí a la ley divina o natural.

Thomas Hobbes, filósofo inglés (1588-1679), suprimió la dependencia de la ley natural que Jean Bodin trazaba en su definición de soberanía y constituyó al soberano en única forma de poder. En su tratado más famoso, Leviatán (1651), justifica desde la filosofía la existencia del autoritarismo estatal.

Jean-Jacques Rousseau, polímata suizo (1712-1778), propuso un cambio sustancial. El soberano es ahora la colectividad o pueblo, y esta da origen al poder enajenando sus derechos a favor de la autoridad. Cada ciudadano es soberano y súbdito al mismo tiempo, ya que contribuye tanto a crear la autoridad y a formar parte de ella, en cuanto que mediante su propia voluntad dio origen a esta, y por otro lado es súbdito de esa misma autoridad, en cuanto que se obliga a obedecerla.

Emmanuel-Joseph Sieyès, (conocido como abate Sieyès), político francés (1748-1836), postuló que la soberanía radica en la nación y no en el pueblo, o sea que la autoridad no obrara solo tomando en cuenta el sentimiento mayoritario coyuntural de un pueblo, sino que además tuviera en cuenta el legado histórico y cultural de esa nación y los valores y principios bajo los cuales se había fundado.

Entonces de Rousseau nace el concepto de soberanía popular, mientras que del abate Sieyès nace el de soberanía nacional. Ambos conceptos se observan indistintamente en las constituciones modernas, aunque después de la Segunda Guerra Mundial ha prevalecido el concepto de soberanía popular que se identifica como más cercano al pueblo. [4]

El estado de excepción, para Schmitt, se define por oposición al estado de normalidad. El estado de normalidad, en términos de un orden estatal, es el momento donde el Derecho tiene plena vigencia y aplicación: es el momento donde la infracción de una norma acarrea la imputación de una sanción. En términos de la vida constitucional de un Estado, la normalidad es aquel momento en el que la constitución tiene plena aplicación: donde los órganos competentes para actuar deben respetar procedimientos, sin cuya concurrencia sus actos serán anulados.

La tesis de Bodin consistía en que la soberanía era el título por medio del cual el rey podía no sujetarse al Derecho; no era un poder ilimitado. Esta afirmación tiene una conexión muy estrecha con la afirmación de Schmitt de que la soberanía es el poder para decidir sobre el estado de excepción. Para ambos, la soberanía consistía en una instancia para eludir el cumplimiento del Derecho. [5]

Pero la normalidad sólo puede definirse por referencia a la excepción. La excepción es el momento en que el Derecho se suspende (o en que la constitución se suspende), ya sea por un caso de necesidad extrema o de peligro para la existencia del Estado.

En el pensamiento de Schmitt, la soberanía es concebida, con independencia de su titularidad, como un poder para suspender el Derecho. Puede observarse que el rey puede ser soberano si cuenta con ese poder. Sin embargo, en cada época y sociedad, el soberano puede ser distinto del rey. Hoy en día existe un consenso, o por lo menos así hace pensar la Constitución Política de Nicaragua en la primera oración del preámbulo y su articulo 2 acerca de que el soberano es el pueblo:

“NOSOTROS, Representantes del Pueblo de Nicaragua, reunidos en Asamblea Nacional Constituyente…

Artículo 2

La soberanía nacional reside en el pueblo y la ejerce a través de instrumentos democráticos, decidiendo y participando libremente en la construcción y perfeccionamiento del sistema económico, político y social de la nación. El poder soberano lo ejerce el pueblo por medio de sus representantes libremente elegidos por sufragio universal, igual, directo y secreto, sin que ninguna otra persona o reunión de personas pueda arrogarse esta representación. También lo puede ejercer de manera directa por medio del referéndum y del plebiscito. Asimismo, podrá ejercerlo a través de otros mecanismos directos, como los presupuestos participativos, las iniciativas ciudadanas, los Consejos territoriales, las asambleas territoriales y comunales de los pueblos originarios y afrodescendientes, los Consejos sectoriales, y otros procedimientos que se establezcan en la presente constitución y las leyes”. [6]

¿Que implica esto?

Claramente se afirma que es el pueblo quien tiene el poder de suspender el Derecho y la constitución por medio de la asamblea nacional constituyente. Por otro lado menciona a través de instrumentos democráticos. Debido a que no existe el estado democrático de Nicaragua, y la actual constitución es el rollo de papel higiénico de los oligarcas del sistema dictatorial, es el momento de ejercer el poder soberano del pueblo con el claro objetivo de derrocar toda la estructura de poder del régimen.

El ejercicio de la soberanía popular

¿Cómo ejerce el pueblo la soberanía? La actuación del pueblo nunca puede ser llevada a cabo por el pueblo en su totalidad. Siempre será un sector del pueblo o algunos individuos aislados los que llevarán a cabo los actos de soberanía popular como agentes del pueblo. Es posible concluir, por tanto, que el pueblo es “capaz de buscar y crear sus propias formas de manifestarse” y que dichas formas no están de manera necesaria establecidas institucionalmente.

El concepto de soberanía y el poder constituyente

En la medida que la soberanía pertenece al pueblo como comunidad política esta no está sometida más que a su propia decisión para gobernarse. El pueblo es quien tiene la decisión última y esa decisión dependerá de un juicio político del pueblo. Ese será un juicio que no está sometido al Derecho ni a la constitución. Es en ese especial sentido que el pueblo tiene la soberanía. El pueblo es libre de toda dominación a la hora de decidir en última instancia, sobre toda la realidad estatal. El ejercicio de dicha libertad pertenece, en definitiva, a una comunidad política que decide fijar su propio destino.

De esta forma, la principal innovación de la soberanía popular en relación al concepto mismo de soberanía, es la afirmación de que se le reconoce al pueblo, una facultad de disposición plena sobre la ordenación y la configuración de los asuntos políticos y sociales dentro del Estado.

Debido que el destino de la comunidad política no puede perseguirse por otros medios que no sean la formación de un Estado, la titularidad de la soberanía como poder de decisión del pueblo, trae como consecuencia un poder de disposición respecto de la constitución estatal. Esa disposición requiere la manifestación de la soberanía como un poder de excepción, en el que el orden estatal sea suspendido. En la medida que el estado de excepción no puede prolongarse indefinidamente, el pueblo soberano tiene siempre la posibilidad de cambiar o mantener el orden estatal anterior.

Sin embargo, en la medida que la soberanía reside en alguien distinto a quien ordinariamente ejerce el poder del Estado, es necesario incorporar un nuevo atributo a la soberanía. No ya un atributo negativo, como es el poder de excepción, sino un atributo positivo, que no estaba presente en las concepciones de Hobbes y Bodin. Un poder de crear un nuevo orden estatal y de determinar la forma en que va a ser ejercido el poder del Estado. Es así como el principio de soberanía del pueblo implica necesariamente el poder constituyente del pueblo.

El poder constituyente del pueblo es por lo tanto, el poder del pueblo soberano para establecer un nuevo orden, fundar la republica y establecer una real y efectiva democracia.

“El sonido del Shofar es sonoro, retumbante y diáfano.” 👂🎺 El que tenga oídos para oír que oiga!.

Alvaro Quintana Duarte.
Nicaragüense residente en EE.UU, Ingeniero Industrial con Maestría en Ciencias de Ingeniería y Administración de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) y varios postgrados en Ingeniería y Administración de Empresas.

[1] Significado de Soberanía

[2] Jean Bodin. Los seis libros de la República.

[3] Jean Bodin. Los seis libros de la República. cit. (n. 2)

[4] Soberanía.

[5] Schmitt, Carl, Teología política.

[6] Constitución Política de Nicaragua.

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