Había una vez un palo de coco en…

Había una vez un palo de coco en…

Escrito por Alex Incer

Pareciera que nos acostumbramos a lo que ya no existe, el olvido está sólo en la memoria y algunos conocedores del asunto afirman que también en el corazón.

La iglesia, nuestra iglesia Santiago Apóstol durante muchos años, después de 1935 cuando doña Sofia Sequeira le donó al Pbro. José Nieborowski un pequeño palo de Coco, la población boaqueña se acostumbró a esa imagen, la iglesia y su palo de Coco vistiendo sus largas hojas y sus frutos verdes y amarillos.

Desaparecido el padre José, de la vida terrenal, y continuando la labor de este, el padre Tovar cuido de la misma forma a ese palo de Coco, que poco a poco iba enrumbándose lo más alto pasible, solo el viento libre podría detener su altura, los jóvenes más atrevidos se subían hasta la copa para conseguir uno que otro coco y compartirlo con sus amigos.

En las fotos tomadas en años venideros se fue viendo crecer el palo y siempre al frente de la iglesia, parecían dos hermanos el uno vigilando al otro. Ya con el tiempo fue objeto dentro de una obra de arte ejecutada por el gran maestro nicaragüense Ernesto Brown R, cuadro bello que ahora es propiedad de la comuna, El topo de Santiago en su día de fiesta, pero que seria de la iglesia si no estaba el palo, bien plasmado quedo y mas de un pintor boaqueño hizo lo mismo con su cuadro de la iglesia, siempre el palo frente a frente ante su hermano, uno mas joven pero siempre cuidándose el uno al otro.

Las fotos que fueron tomadas en la década de los 70´s, ya a colores, nos mostraban el color de la iglesia con su patina, una pátina bella que le tomó años en formarse entre las paredes y sus pilares externos, entre sol y sombra, aire y agua, fuese una toma frontal o lateral, el palo de coco siempre estuvo presente en el Click de esa cámara de aficionado o de profesional, de local o de extraños.

Tres jóvenes pintores boaqueños que por motivos ajenos a sus voluntades partieron a tierras lejanas, pero dentro de su memoria y corazón cargaban la imagen de la iglesia y del palo de coco, en sus años de exilio cada uno por su cuenta decidieron plasmar sus memorias y el resultado es impresionantes, dos obras mas de arte, dos bellezas que he logrado ver frente a frente, los boaqueños de ciertas generaciones no olvidan a la iglesia y al palo de coco. Aquí podemos ver la pintura de Gabriel García Guillen.

Carlos Orlando Gutiérrez plasmo en diferentes ocasiones la iglesia y su palo de coco, he aquí una muestra de una de esas pinturas que nos recuerdan el arte del boaqueño y el amor a su tierra que en el exilio extrañaron por muchos años. Ya ese palo de coco para esos días no existía así que otro pintor boaqueño reflejo la iglesia con un árbol de malinche (que tampoco existe), como recordando lo olvidado y lo perdido.

De esos tres pintores, sólo uno de ellos reside en Boaco, otro en la Florida USA y el tercero abandono la vida terrenal. Manuel Ramon Quant Buitrago tomo el ejemplo del boaqueño y bien plasmado ha quedado en la pintura que podemos observar a la par de estas letras que nos recuerdan, a los de generaciones pasadas, la imagen viva del palo de un palo de coco que no volverá. Todo llega a un término, lo mismo sucedió con ese palo de coco, el 20 de septiembre de 1980 alguien decidió que era momento de botarlo, el pretexto fue que era demasiado peligroso que en cualquier momento se podía caer y en el peor de los casos matar a un inocente transeúnte.

Los miembros de ese entonces de Museo Antropológico de Boaco Arturo J. Suarez M, protestamos por dicho acto, levantamos un pedazo de ese viejo palo de coco y decidimos llevarlo al local del museo y rendirle un homenaje, tanto a él como a su donante y a sus cuidadores (entiéndase y compréndase quienes eran los cuidadores).

La protesta simbólica duro mas de una semana, el pueblo rindió el homenaje a ese palo de coco que muchas generaciones le conocieron y yo fue de los que desgraciadamente le vi morir en un mes de septiembre. La protesta llego hasta un periódico que circula a nivel nacional y una universidad de la capital nos dijo que ellos podrían darle un tratamiento para que ese pedazo durara por años y años, pero la noticia le llego tarde a ellos.

45 años Boaco lo cuido, 45 años que se le admiró, 45 que dio frutos y fue modelo para pinturas y fue objeto dentro de una fotografía, el palo de coco ya no está, y en sus 41 años de desaparición; en el que tres generaciones actuales le recordamos y tres no.

Bajo estas letras podremos leer una pequeña ¨biografía¨ de es palo de coco que no esta con nosotros físicamente, pero si esta en los recuerdos de unas generaciones que no lo olvidaremos, por mucho que lo cortaron o por mucho que pase el tiempo.

Su lugar está ahí esperando en vano que algo natural ocupe su lugar, y hoy y mañana sólo podremos ver una gran plancha de cemento, que diferencia que tristeza. Bueno así es Boaco.

¿Qué se puede esperar?

Siga a Alex en Facebook/AlexIncer

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *