LOS PEORES ENEMIGOS DE LA JUSTICIA SON LA INDIFERENCIA Y EL RELATIVISMO (Actualización)

LOS PEORES ENEMIGOS DE LA JUSTICIA SON LA INDIFERENCIA Y EL RELATIVISMO (Actualización)

¿De qué nos sirve ser connotados intelectuales, hábiles con la palabra y la escritura, si somos como una hoja que se lleva el viento?

“Debemos desenmascarar a los cínicos que manipulan al pueblo; y denunciar la frivolidad de los intelectuales relativistas que quieren conducirnos, sutilmente, a engullir los ingredientes de su “receta” de UNIDAD e INCLUSION, si queremos que haya Justicia en nuestra Nación.”

María Nicaragua

Escrito por María Nicaragua

No pretendo enfocarme en el relativismo filosófico. Mi enfoque es más que todo en el relativismo ético y moral que caracteriza a ciertas ideologías. Mi punto de vista es a partir de la fe y a la luz de la palabra de Jesucristo pues soy católica practicante. Mi fe no la negocio por nada del mundo. Hay ideologías incompatibles con el Evangelio de Jesucristo y con las cuáles jamás comulgaré.

Estoy convencida de que no sirven de nada las decenas de diplomas que nos autorizan y certifican como eruditos. ¿De qué sirve jactarnos de ser reputados especialistas en materias como filosofía, política, diplomacia, Derecho y otras, si somos como una hoja revoloteando al viento, sin destino fijo? ¡Ah, pero qué digo! Estos destacados intelectuales son más “inteligentes” que el resto de los mortales. Son de “libre pensamiento” y “abiertos de espíritu”. Ellos creen que saben todo y que tienen razón. Así funciona la arrogancia del relativismo: “todo es bueno nada es malo”, “nada es blanco, nada es negro”. Para ellos la verdad no es absoluta. Pero, cuando hablan de ideologías, la Izquierda y la Derecha son iguales de nocivas. ¡Vaya, ahí sí toman posición!

Lo peor que podemos hacer como cristianos, es aceptar las zonas grises cuando se trata de hacer justicia a las víctimas de las atrocidades de las ideologías anti vida. El relativismo y la indiferencia nos transforman en cómplices de lado s violaciones de los Derecho Humanos, y de la impunidad.

En una lucha, cualquier lucha, hay que tomar posición. Debemos tomar nuestro estandarte y plantarlo en la cima de la montaña más alta. Así, todo mundo sabrá a cuál grupo pertenecemos y de qué lado estamos. El problema es cuando caemos en el relativismo, porque el relativista un día está de un lado y otro día está del otro lado. Nosotros, los creyentes en el Evangelio debemos tener determinación; tomar posición con firmeza y ponernos del lado de la Verdad y la Justicia. De no hacerlo estaríamos cometiendo el pecado de la cobardía.

La otra peste que arrasa con la Justicia, es la indiferencia. Nadie quiere tomar la iniciativa y pasar a la acción para cambiar de raíz los Sistemas corruptos y violadores de Derechos Humanos. Los indiferentes viven en su burbuja de egoísmo y egocentrismo. Se conforman si pueden viajar y darse unos cuantos lujos. Ellos dejan que los otros resuelvan los problemas de injusticias y de Derechos Humanos. Otros, se conforman si pueden comer, beber y si pueden comprar la recarga del celular para pasar día y noche pegados de las redes sociales, husmeando con curiosidad morbosa sobre la vida de los demás. Eso me recuerda una frase que dice: “nadie quiere ser parte del proceso, pero todos quieren ser parte del resultado”.

El relativismo nos transforma en seres humanos invertebrados

La Democracia está en peligro de extinción por culpa de un grupúsculo de políticos oportunistas, de empresarios materialistas y de intelectuales relativistas que carecen de columna vertebral. Se pliegan a pacto inmorales, aceptando negociar la sangre y las libertades del pueblo. La Justicia es la columna vertebral de una Democracia; pero si no hay líderes sólidos, determinados y de profunda convicción patriótica, el pueblo seguirá sometido a la esclavitud mientras los políticos “progresistas” y los intelectuales relativistas lo confunden más con galimatías filosóficas y diplomáticas difíciles de comprender.

Es necesario; es imperativo, diría yo, que surjan líderes que tomen posición, que se definan, que busquen el bien común con una clara visión de Justicia, para conducir al pueblo por el camino de la Democracia. Pero la desgracia es que, a estas alturas del partido, hay algunos que todavía andan, como dice el dicho popular, “como barrilete sin cola”

“Debemos posicionarnos del lado correcto de la historia”, dicen algunos intelectuales relativistas. En mi opinión, es una frase ambigua. ¿Cuál es el buen lado de la historia? Algunos dicen que es estar del lado del pueblo. El problema es que, dentro del mismo pueblo, cada individuo tiene su propio concepto de lo que es “el lado correcto de la historia” según su educación, su jerarquía de valores y según su “construcción” mental. Pero, para mí, como cristiana católica; estar del lado correcto de la historia es estar del lado de la Verdad y de la Justicia, es decir, del lado de los valores evangélicos enseñados por Jesucristo. Nada menos que eso.

El relativismo nos conduce a la cobardía, a la blandenguería; a una forma de indiferencia, de pasividad, de permisividad que termina convirtiéndonos en cómplices de las injusticias.

El Papa Benedicto XVI decía refiriéndose al relativismo: “el relativismo, es decir, el permitirse a uno mismo dejarse llevar por cada viento ‘doctrinal’ o ideológico, parece ser una actitud que está de moda”. “¿Cuántos vientos doctrinales, hemos conocido en estas últimas décadas, cuántas corrientes ideológicas, cuántas modas de pensamiento?”. “Cada día nacen nuevas sectas (o movimientos) y vemos realizado lo que San Pablo dice sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a conducir al error”.

Personalmente, yo jamás fui ni seré de izquierda, ni socialista mucho menos comunista. No se puede ser cristiano y socialista a la vez. Sabemos que el socialismo y el comunismo ateo han querido destruir a la Iglesia Católica, y han asesinado a millones de seres humanos que no piensan como ellos.

Es triste ver que, cuando nosotros los cristianos católicos mantenemos nuestra posición sobre los valores de nuestra fe, los relativistas nos ponen la etiqueta de fundamentalistas. Pero, a pesar de todas las críticas destructivas y los ataques, los cristianos debemos perseguir una fe madura, adulta, sólida para no irnos en todas las direcciones, sin rumbo. Para mí, mi verdadero punto de referencia, mi faro, mi brújula es Jesucristo. Jesucristo es, como decía el Papa Benedicto XVI: “la medida para discernir entre lo que es verdadero y lo que es falso, entre el engaño y la verdad”.

Hay personas que aceptan principios “éticos” relativistas como el “derecho” al aborto y a la eutanasia, por ejemplo. Otros, en nombre de la libertad de pensamiento, practican una especie de “ética alternativa”, es decir, enarbolan ciertos principios como si fueran absolutos: la tolerancia y el “derecho a hacer cualquier cosa” mientras “no le hagan daño a nadie”.

A veces, a nosotros los seres humanos nos gusta “revolver el cebo con la manteca”. Los relativistas dicen que tienen un “espíritu abierto” y se auto denominan “progresistas”. Es por eso que, los de “espíritu abierto” y que hablan de INCLUSIÓN, proponen que se hagan alianzas con ideologías anti vida para cogobernar la Nación. No podemos sentar a Dios y al diablo en la misma mesa. “No podemos ser apañadores de crímenes o cómplices de lo que está ocurriendo” (Padre Edwing Román)

El relativismo nos vuelve ambiguos y sin sabor

Monseñor Silvio Báez, en su meditación sobre el evangelio del domingo 16 de febrero nos decía: “urgen discursos que digan la verdad, sin ofender ni provocar, con claridad y llamando a las cosas por su nombre. La mentira escondida y la ambigüedad hipócrita vienen del Maligno.” (monseñor Silvio Báez)

Estoy totalmente de acuerdo con monseñor Báez. ¡Al pan, pan y al vino, vino!

“Sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la salarán?” Mt. 5,13-16. No hay peor cosa que ser un cristiano insípido, ambiguo, mundanizado, relativista, sin columna vertebral. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio, ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca. (Ap 3,15-16)

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