EL ASESINATO DE LA PROFESORA AURITA SOTELO ACEVEDO, UN ORGULLO BOAQUEÑO.

EL ASESINATO DE LA PROFESORA AURITA SOTELO ACEVEDO, UN ORGULLO BOAQUEÑO.

Aurita Sotelo asesinada por un Sandinista

Por María Nicaragua

Este lunes 3 de febrero inicia el año escolar 2020 en todo el país. Es una fecha propicia para recordar a aquellos profesores que marcaron de manera positiva nuestras vidas. Muchos ya no están. Se han ido, pero nos han dejado su legado. Desgraciadamente algunos se fueron antes de tiempo. Sus vidas fueron arrebatadas por seres perversos al servicio de fuerzas oscuras.

En Boaco existe un Centro académico que se llama “Instituto público Aurita Sotelo Acevedo”, en honor a la profesora Aurita Sotelo de Borgen. Seguramente que muchos jóvenes que estudiaron y que aun estudian allí, ni siquiera saben quién era ella y cómo murió. Es obvio que a las autoridades del MINED y de la Alcaldía Municipal no les conviene que las nuevas generaciones sepan que fue un “sandinista histórico” el que la asesinó. Tampoco quieren que se sepa que la que tiene parte de responsabilidad, aunque sea de manera indirecta en ese crimen, es una actual concejal del FSLN y hermana de Aurita.

La profesora Aurita no se presentó nunca más a su aula de clases, pero su alma habita por siempre en cada local donde ella impartió las asignaturas. Las paredes, los escritorios y los pupitres quedaron impregnadas de su dulce presencia y de su saber. A pesar de su partida precipitada, siempre ocupará un lugar especial en el corazón de sus antiguos estudiantes y de todos aquellos que la conocimos y la apreciamos con sinceridad. Su gracia, su amabilidad y su profesionalismo marcó de manera positiva a muchos de sus colegas y a sus estudiantes.

Un domingo 24 de Julio de 1984, en plena fiesta patronal dedicada al apóstol Santiago, nadie en la ciudad de Boaco podía imaginar la tragedia que se avecinaba; que enlutaría a tres familias y dejaría en la orfandad a tres niños menores de edad. Aquella desgracia tomó por sorpresa a todo mundo.

A media tarde de ese fatídico 24 de julio, mientras donde don Augusto Incer y doña Gioconda Olivas, (que vivían en uno de los costados de la casa de la occisa) se realizaba un gran bacanal, en otra parte de la ciudad, una pelea conyugal por una supuesta infidelidad, condujo a Mireya Sotelo Acevedo hasta la casa de su hermana Aurita. Huía de la furia de su conyugue que la acusaba de ser infiel y la amenazaba de muerte. Una decisión fatal que terminó desgraciando la vida de personas inocentes, ajenas a la trifulca de pareja.

El compañero de vida de Mireya – un piricuaco apodado Pedrón – la siguió hasta la casa de la profesora, pero ella no le permitió entrar a la habitación donde su hermana se había refugiado. Pedrón, cegado de cólera porque Aurita le negó la entrada, en un arrebato de rabia disparó primero sobre la humanidad de su cuñada y luego disparó en la cabeza del marido de esta, don Carlos Borgen Miranda.

Los gritos de angustia y de confusión se mezclaban con la música de la fanfarria que acompañaba la procesión del apóstol Santiago y con la de los mariachis que amenizaban el bacanal de los Incer-Oliva. Fue un acontecimiento que consternó al pueblo boaqueño y que causó un indescriptible dolor a las familias y a los vecinos del matrimonio Borgen Sotelo.

Los cuerpos de Aurita y de don Carlos cayeron en la acera de su vivienda y fueron recogidos por los vecinos y parientes de la pareja: don Francisco Sotelo y doña Mirna Sotelo. Los hijos de la pareja Alexa, Carlitos y Alan, fueron testigos de la tragedia. Durante ese tiempo Mireya permaneció encerrada el cuarto donde se había escondido. Minutos más tarde, el asesino decidió suicidarse y su cuerpo fue trasladado al hospital de Boaco para la autopsia. Cuentan algunos testigos, que Mireya llegó a darle un beso al cadáver de Pedrón y le puso una rosa roja en las manos.

El homicida era originario de León. Había sido miembro del Ejército Popular Sandinista (EPS). Era un hombre alcohólico, de temperamento impetuoso y un asesino en potencia. Pero por ser ex combatiente del EPS y sapo, el FSLN siempre lo había protegido. Hasta una cooperativa agropecuaria le habían asignado donde él era el “mandamás”. El sobrenombre de “Pedrón” lo tenía bien merecido ya que tenía la fama de ser un cruel asesino como el legendario Pedro Altamirano que formó parte del ejército de Augusto César Sandino en el año 1927.

Los niños, que el matrimonio Borgen Sotelo dejó en la orfandad, se mantuvieron durante algunos años bajo la custodia de la abuela materna y luego fueron adoptados por un tío paterno, don Octavio Borgen, que vivía en los Estados Unidos.

El Logo del Instituto

¡Honor y honra a la profesora Aurita Sotelo Acevedo!

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