Los Secretos de Boaco: EL FRATRICIDIO COMETIDO POR CUATRO “NOTABLES” PERSONAJES DE LA “DISTINGUIDA” SOCIEDAD BOAQUEÑA

Los Secretos de Boaco: EL FRATRICIDIO COMETIDO POR CUATRO “NOTABLES” PERSONAJES DE LA “DISTINGUIDA” SOCIEDAD BOAQUEÑA

Vista área de Boaco

En Boaco, hay secretos que ya se pueden contar y hay otros que no se pueden contar, pero que se necesitan saber para que conozcan a su vecino.

María Nicaragua

En toda familia hay una o más ovejas negras. Esos son los problemáticos, los desadaptados; los que meten en vergüenza a otros miembros de la familia que son honestos, que tienen buenos principios y practican buenos valores. En el caso de estos cuatro personajes que voy a darles a conocer a continuación, no sólo eran desadaptados y problemáticos, eran unos grandes asesinos y ladrones. Su ambición desmedida los llevó a planificar y ejecutar el fratricidio más conocido en la ciudad de Boaco. Todos podemos imaginar las tinieblas que habitaban en sus corazones lujuriosos y codiciosos para ser capaces de cometer tal horror.

María Nicaragua

Recopilado y escrito por María Nicaragua

La historia que voy a contarles me fue relatada en 1991 por una hermana de doña Angelita Barquero de Incer, (q.e.p.d). Desafortunadamente no he logrado recordar el nombre. Sólo recuerdo que vivía en los Estados Unidos y que nunca se había casado.

Para corroborar esta trágica historia, decidí ir al encuentro de la familia del campesino que mencionaré en este relato. Mi objetivo era conocer su versión. De hecho, esta coincidía con la de la señora Barquero.

En las dos versiones, nadie pudo precisar la fecha; pero dicen que posiblemente sería entre los años 1947 o 1950 cuando los hermanos Raúl, Mamerto, Ronaldo, (padre de Edgar y Oscar Mena), y Francisco Mena, (este último, padre de Francisco Mena Flores, quien a su vez es el marido de Patricia Robleto Herrera), ordenaron el asesinato de su propio hermano Oronte Mena para quedarse con la herencia.

LA VERSION DE LA FAMILIA DEL CAMPESINO

“Resulta que ese fatídico día, Oronte Mena se dirigía en su mula con una alforja llena de dinero para pagar a los trabajadores de su finca ubicada en la comarca El Rodeo. En el camino fue asesinado a balazos por un matón pagado por sus propios hermanos”. La identidad del sicario nunca se conoció con certeza. Dicho asesinato, según dice la familia del campesino, había sido planificado meses antes por los autores intelectuales ya mencionados. “Los hermanos Mena tenían su trompo enrollado. Ya tenían en la mira a nuestro padre a quien utilizarían de chivo expiatorio y habían preparado testigos falsos contra él”.

La macabra actuación de los hermanos Mena

Horas después del crimen, llorando como una Magdalena, los “distinguidos” hermanos Mena, fueron a poner la denuncia del hecho ante las autoridades del comando de la Guardia Nacional. Si hubieran sido actores de Hollywood posiblemente habrían ganado el “Oscar” por la mejor actuación.

Un grupo de guardias acompañados por don Pedro Joaquín Sánchez, juez del crimen en esa época, se dirigieron a la Finca Santa Juana propiedad de don Guillermo Espinoza, en la comarca San Buenaventura, para arrestar a un trabajador de la finca. Su nombre era Santiago Amador López. Este era el chivo expiatorio elegido por el cuarteto asesino.

El reo fue llevado hasta el parque central para hacerle un proceso público, en la calle, al estilo de las películas del viejo Oeste. “Allí, los hermanos Mena lo esperaban con dos testigos falsos: un hombre llamado Genaro, (se desconoce el apellido) apodado Genaro pando; y su mujer Alejandra”. Cabe destacar que fui en búsqueda de Genaro y Alejandra. Así que tuve la oportunidad de conocer personalmente a esa pareja en sus últimos días de vida. Ambos estaban postrados en una cama, ciegos a causa de una diabetes severa. Vivían en el barrio El Muñeco, en una choza de paja abandonados por sus familiares.

La tortura

El campesino Santiago Amador López, fue torturado salvajemente por los cuatro hermanos Mena ante la mirada cómplice de la guardia y de las “dignas” autoridades de la época. A puñetazos y puntapiés le quebraron la nariz, la dentadura y un brazo. Fingiendo consternación y dolor por la muerte de su hermano, pedían con gritos desgarradores, a Amador López, que confesara el crimen. Al mismo tiempo pedían a las autoridades que lo fusilaran. A causa de la salvaje golpiza el reo vomitó la sangre, convulsionó y perdió el conocimiento. Fue en ese momento que don Pedro Joaquín Sánchez, juez del crimen, como ya había mencionado, intervino para detener la tortura.

Según cuenta la familia del campesino, fueron muchas horas de interrogatorio, entre gritos, golpes brutales y lágrimas de cocodrilo de parte de los cuatro fratricidas. Los ciudadanos que se habían aglomerado en el parque, eran espectadores impotentes de aquella injusticia e indignados pedían al unísono el cese a tanta brutalidad.

“En avanzadas horas de la noche se presentó don Guillermo Espinoza ante el juez del crimen, llevando en su poder las pruebas que demostraban que su trabajador nunca había salido de la hacienda porque ese día estaba con una fuerte fiebre a causa de la malaria. Don Guillermo estaba pagándoles a sus mozos el día del asesinato y él vio que mi papá ese día no salió de la finca porque estaba postrado en un camarote. Don Guillermo se portó muy bien con mi papá. Gracias a la planilla, a testimonios de los lugareños y a los testimonios de otros empleados de la finca, las autoridades comprobaron la inocencia de mi papá y eso evitó que lo fusilaran” dicen los familiares.

¿Dónde estaba la Justicia?

La familia del campesino Santiago Amador expresa que, gracias a los señores Guillermo Espinoza, Pedro Joaquín Sánchez, Arnoldo Tijerino, Pedro Buitrago y don Fortunato Barquero, (abuelo del diputado orteguista Odel Incer Barquero), se pudo probar la inocencia de su padre y las autoridades procedieron a liberarlo. Pero, lamentan que, habiendo pruebas irrefutables de la culpabilidad de Ronaldo, Raúl, Mamerto y Francisco Mena, las autoridades de la época no les hayan aplicado la Justicia como se lo merecían. “Nos da mucha cólera que los hayan encubierto sólo por ser ricos y que, a mi papá, por ser pobre, sólo lo hayan mandado a la casa después de haberlo dejado casi muerto como si nada hubiera pasado” expresa una de sus hijas.

Otra de las hijas dice con profunda tristeza, recordando el acontecimiento:

“a mi papá le quebraron la nariz, los dientes y un brazo. Pasó varios meses sin poder trabajar para llevar el bocado a su hogar. Durante varios años tuvo pesadillas, sufrió de depresión y de fuertes dolores debido a la crueldad con la que los Mena lo golpearon; mientras que los “notables” Raúl, Ronaldo, Mamerto y Francisco Mena se quedaron burlando de la Justicia y “chineados de riales” con la herencia de su hermano a quien ellos mismos mandaron a asesinar.”

Fin del relato

El Comando de la Policía, Boaco, Circa 1960

Esta historia es bien conocida del pueblo boaqueño. Muchas personas aún la recuerdan. Si quieren confirmar lo que digo, hablen con los mayores de la ciudad y constatarán que lo que les estoy contando tiene fundamento.

Ahora, saquen ustedes sus propias conclusiones.

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