Adular y Endiosar

Adular y Endiosar

El amor propio no puede confundirse con el orgullo y la vanidad.

Escrito por María Nicaragua

El Cuervo y el Zorro

“Estaba un cuervo posado en un árbol, y tenía en el pico un queso. Atraído por el olor, un zorro que pasaba por ahí le dijo:
– ¡Buenos días, señor Cuervo! ¡qué bello plumaje tiene! Si el canto corresponde a la pluma, usted debe ser el Ave Fénix.”


Al oír esto, el cuervo se irguió; se sintió tan alagado y lleno de gozo que acomodándose su “bello plumaje”, quiso hacer alarde de su magnífica voz, abrió el pico para cantar, y el queso se le cayó.El zorro rápidamente lo tomó en el aire, y le dijo:
“Aprenda, señor cuervo, que el adulador vive siempre a costas del que lo escucha y presta atención a sus dichos; la lección es provechosa; bien vale más un queso.” 

Fábulas de Jean de la Fontaine

Moraleja:

El vanidoso nutre su ego de palabras aduladoras que escucha a su alrededor. Su vanidad y narcisismo lo hacen caer en la trampa de los aduladores que, de un modo u otro, sacan algún provecho de él.

Adular y endiosar a alguien tiene consecuencias: hacemos personas infladas de jactancia y vanidad

Hay personas que piensan que son intocables. Muchos seres humanos se creen intachables, notables, distinguidos, dignos y honorables. Creen que la distinción viene de un apellido, de la posición social; de la belleza física, de los bienes materiales, de los diplomas que poseen, del éxito académico, de los viajes que hacen. En eso no hay amor propio, lo que hay es vanidad, orgullo y narcisismo.

Por otro lado, tener amor propio significa respetarnos a nosotros mismos, respetar nuestra dignidad y no permitir que nadie la pisotee. Dignidad y amor propio son equivalentes.

Mantener la compostura; la educación, la modestia, el pudor y no exponer nuestra vida privada en la plaza pública, son gestos concretos de amor propio.

Vanidad significa vacío, hueco o falto de realidad, sustancia o solidez. Cuando alguien es vanidoso significa que es arrogante, pretencioso, vacío y hueco. Los vanidosos viven en un mundo fantasioso. El vanidoso es hipersensible. Sufre profundamente cuando alguien toca su “amor propio” que en realidad es su gran ego, su orgullo y su vanidad.

Algunas veces practicamos la falsa humildad. El demonio se aprovecha de nuestra falta de conocimiento y tuerce en nuestra mente el verdadero sentido de la humildad, y nos convence de que somos humildes, aunque no estamos ni cerca de serlo.

De manera equívoca, a veces, creemos que somos humildes, cuando en realidad vivimos en las mentiras del demonio. Entre esas mentiras están el narcisismo, el exhibicionismo y la jactancia. Llegamos a tener un concepto desmesurado de nuestra propia importancia.

Hay personas que viven en la falsa modestia; y sobre esto, el escritor británico C.S Lewis decía en su obra “Cartas del diablo a su sobrino”, donde Satanás le enseña a su sobrino cómo inducir sutilmente a los incautos en la falsa modestia:

«Todas las virtudes son menos formidables para nosotros una vez que el hombre es consciente de que las tiene, pero esto es particularmente cierto de la humildad. Cógele en el momento en que sea realmente pobre de espíritu, y métele de contrabando en la cabeza la gratificadora reflexión: «¡Caramba, estoy siendo humilde!», y casi inmediatamente el orgullo –orgullo de su humildad– aparecerá.»

C.S Lewis

El diablo utiliza toda clase de artimañas para endiosarnos a través de nuestro entorno, más específicamente de nuestras amistades. Hábilmente el diablo nos hace creer que tenemos todos los méritos para que el mundo gire a nuestro alrededor.

Caemos en la trampa de construirnos un pedestal, pero ese pedestal no lo construimos solos. El vanidoso y narcisista puede ser también un perfecto manipulador, y consigue formar alrededor de él, su grupo de “súbditos” y aduladores que le ayudan a construir su pedestal, su trono. De este modo, el narcisista, exhibicionista y vanidoso se cree rey o reina.

Hay personas vanidosas que parecen muy sociables; son fanfarrones, bulliciosos, le hablan a todo mundo. Es una táctica para ganarse halagos y aplausos. Cuando hablan, lo hacen con mucha algarabía, en voz alta para que todo el mundo se voltee a verlos; despliegan aire como diciendo “aquí estoy, miren mis dotes, mi belleza, mi distinción e inteligencia. Tengo todo lo que me hace perfecto(a)”. Eso es falsa humildad.

Si queremos ser auténticos de verdad, debemos aprender a escuchar las críticas por muy dolorosas que estas sean. Salgamos de nuestra falsa creencia de que somos intachables e intocables. Dejemos a un lado las caretas.

El escritor y poeta austríaco de origen judío, Rainer Maria Rilke escribió esto: «Hay mucha gente en el mundo, pero todavía hay muchos más rostros, pues cada uno tiene varios»

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