El manotazo del Papa Francisco

El manotazo del Papa Francisco

El manotazo del Papa Francisco, a la mujer espectadora en la Plaza San Pedro, fue un reflejo de dolor más que un gesto de impaciencia.

Por María Nicaragua

Se ha hablado tanto, en las redes sociales, del Papa Francisco por haber dado dos fuertes palmadas sobre la mano de una espectadora que lo tiró violentamente del brazo en la Plaza San Pedro.

Vivimos en un mundo infantil donde quisiéramos que la gente responda a nuestras expectativas y necesidades de forma inmediata. Como niños caprichosos, hacemos pataletas y berrinches cuando no obtenemos de forma inmediata lo que queremos. La paciencia no es una virtud que la gente quiera desarrollar. Queremos todo “express”. Los verbos “esperar” y “respetar”, van desapareciendo poco a poco de nuestro léxico y de nuestras buenas costumbres.

La mujer no tuvo delicadeza. He visto los videos y he podido observar la forma violenta con la que lo tira del brazo. Él quiere liberarse, pero ella lo retiene de la manga de su túnica. Podemos ver al Papa, con un gesto de dolor, darle dos palmadas y finalmente ella lo suelta. No hay que olvidar que el Pontífice tiene 83 años. Hay peligro de hacerlo caer y provocarle una conmoción cerebral o una fractura severa.

No justifico su actitud, pero tampoco lo condeno por haber querido liberarse de una persona que parecía más bien una desquiciada que una humilde peregrina como la quieren hacer parecer algunos medios de comunicación. El Papa es un ser humano. El hecho de ser el jefe supremo de la Iglesia Católica no lo hace un ser inmaterial. Él tiene sus límites como todos nosotros. En un gesto de humildad ha pedido disculpas públicamente y en su homilía dijo: “Yo mismo pierdo la paciencia y, por eso pido disculpas por el mal ejemplo de ayer”.

Deberíamos tener en cuenta que el Papa Francisco no es Metallica; ni Justin Bieber ni CelineDion para que se le abalancen encima y le den tirones, y le griten en los oídos con chillidos ensordecedores.

Si hay algo que le reconozco a este Papa, es su generosidad con su presencia cada semana en la Piazza San Pietro. Él mismo, ha pedido a sus guardaespaldas, que le den espacio para poder acercarse, abrazar y besar a algunos peregrinos, enfermos y niños que se presentan a la Plaza.

¿Quiénes sacan provecho de esta “metida de pata” del Papa Francisco?

Primeramente, las feministas: “¡El Papa golpeó a una mujer!”, “El Papa es machista entonces es violento”, “El Papa es misógino” etc.
En segundo lugar, sus críticos, los que lo consideran comunista por apoyar a las dictaduras de América Latina. Aprovechan para achacarle su gesto de “impaciencia”, de “falta de amor y de tolerancia”; sin darse la pena de analizar el contexto en el cual se dio el incidente y las consecuencias que éste hubiera podido tener.

No es mi Pontífice preferido. Lamento mucho su forma de guiar a la Iglesia Universal, actualmente.

Me decepciona por su manera de tratar a la oposición nicaragüense, cubana y venezolana cuando han querido acercarse a él. Me decepciona la “Diplomacia discreta” que él y sus nuncios aplican.

Me entristece su indiferencia con los obispos y sacerdotes nicaragüenses agredidos por el régimen OrMur. Pero, pongo de un lado esos temas espinosos.

En esta ocasión, le doy la razón sobre el hecho de haberse querido liberar de una persona impaciente y brusca que ha puesto en riesgo su seguridad física. Dicho gesto hubiera podido dislocarle el hombre o hacerlo perder el equilibrio, y como consecuencia, una fractura grave.

Finalmente, yo veo en ese gesto del Papa Francisco, un gesto legítimamente humano y normal. Cualquiera de nosotros, por muy pacientes y tolerantes que seamos, hubiéramos reaccionado de la misma manera.

Siga a María Nicaragua en Facebook/MariaNicaragua

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *