No podemos permitir que el monstruo bicéfalo que “gobierna” en Nicaragua nos robe nuestra conciencia crítica.

No podemos permitir que el monstruo bicéfalo que “gobierna” en Nicaragua nos robe nuestra conciencia crítica.

¿Cuál es el poder del mal que convierte en títeres y serviles a los individuos y a la colectividad alienando su conciencia?

Por María Nicaragua

En estos momentos tan cruciales para nosotros los nicaragüenses, el mensaje es claro: no podemos permitir que Satanás nos someta a sus caprichos, a su maldad y a sus mentiras.

El poder de Satanás radica en la mentira y en la división.

Satanás nos somete a través del miedo y el miedo nos paraliza, nos idiotiza; nubla nuestro espíritu. La manipulación es su arma para instaurar su “gobierno” y desde ahí controlar el pensamiento al punto de hacernos perder nuestra identidad propia. Si damos permiso a Satanás de gobernar nuestras vidas, terminamos siendo sus títeres, sus servidores, sus cómplices.

Jesús venció el miedo. Nosotros los cristianos, con el poder que nos fue otorgado al momento de nuestro bautismo y de nuestra confirmación debemos vencer ese miedo y destronar a Satanás.

El Señor nos invita a expulsar el mal de nuestra vida personal y también de la sociedad. Nuestro destino es la libertad de nuestro corazón y de la colectividad. Nacimos para ser libres mas no esclavos. Tenemos derecho a vivir dignamente, a expresarnos respetando la dignidad de los demás. No podemos permitir que las potestades malignas de este mundo nos don nos sometan.

No podemos permitir que el mal nos robe nuestra conciencia crítica y nos vuelva mudos, sordos y ciegos ante la injusticia, la corrupción y los asesinatos cometidos por el monstruo bicéfalo que se hace llamar gobierno “cristiano”, “socialista” y “solidario”. Esta pareja de criminales debe ser llevada ante las autoridades internacionales para que paguen por sus crímenes.

A Satanás hay que agarrarlo con firmeza y arrancarlo de raíz. No podemos hablar de JUSTICIA, LIBERTAD y DEMOCRACIA si nos aliamos con el enemigo del pueblo.

Nicaragua no merece la opresión. Al ejemplo de Jesucristo, debemos exterminar la cizaña y quemarla para asegurarnos que no vuelve a crecer en medio del trigo.

No debemos ser observadores pasivos de las artimañas del demonio. En Nicaragua ocurren muchas cosas actualmente. De un lado, hay algunos que están jugando a espaldas del pueblo; por el otro lado hay campañas estériles que causan desunión e incertidumbre. Seamos más inteligentes para detectar dónde está el verdadero enemigo.

La dictadura Ortega-Murillo es nuestro principal objetivo. Pero que eso no nos haga caer en el error de querer hacer pactos con el diablo otra vez.

Muchos se preguntan por qué hay tantas personas miembros del MRS y del gran capital en las estructura de la Alianza Cívica y de la UNAB. No debemos subestimar esa pregunta, puesto que muchos de ellos han sido el origen de los males de Nicaragua.

Si no aniquilamos el mal de nuestro corazón; si no limpiamos Nicaragua de la corrupción y de los corruptos que han manipulado a las masas; si no alzamos la voz contra las cúpulas del poder económico y del poder político que se han aliado para mantenernos comiendo en la palma de su mano, la lucha de los estudiantes y campesinos que han ofrendado sus vidas sería inútil.

Salir de la dictadura sanguinaria Ortega-Murillo es imperativo a condición de que el nuevo gobierno esté cimentado en la transparencia y en la honestidad. ¿De qué serviría que nuestros futuros gobernantes sean los mismos que hace 40 años provocaron la mayor desgracia en la historia de nuestra nación? o ¿De qué serviría que sean los somocistas los que vuelvan al poder? Eso sería como salir de las llamas para caer en el brasero.

Es necesario aplicar un tratamiento de choque para asegurarnos que las cúpulas pactistas no vuelvan a tomar el control de nuestro porvenir si no, nos va a pasar como al hombre que describe el evangelista San Lucas en este pasaje:

«Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice: “Volveré a la casa de donde salí.” Al volver, se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.»

(Lucas 11: 24-26)

La falsa misericordia

Perdón no significa amnesia. Hay que perdonar pero no olvidar el origen del mal. No se trata de cobrar venganza con violencia. Se trata de hacer justicia. La justicia no se opone a la misericordia ni la misericordia a la justicia.

San Agustín decía: “¿qué es la misericordia sino cierta compasión de nuestro corazón por la miseria ajena, que nos fuerza a socorrerlo si estáen nuestra mano?”. En este sentido, si olvidamos a las víctimas del terrorismo de Estado, si olvidamos a los prisioneros políticos y damos amnistía a los verdugos, estaríamos cayendo en una falsa misericordia y más bien estaríamos promoviendo la impunidad.

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