Policía y Ejército Manchados de Sangre

Policía y Ejército Manchados de Sangre

La complicidad del Ejército Nicaragüense junto a la Policía Nacional, estará marcado más allá de los cambios que se den cuando los OrMu se larguen.

Policía Sandinista de Nicaragua

Escrito por Tino Pérez

La Policía orteguista está manchada de sangre por sus cuatro costados. Los miembros que intentaron rectificar fueron purgados o perecieron en enfrentamientos inventados.

Tino Perez

Hay muchos hechos comprobados de que ni el Ejército ni la Policía han dejado de ser partidarios descarados y fieles adoradores a la figura del tirano; y pasará algún tiempo hasta que los cuadros profesionales sustituyan a los guerrilleros o combatientes de la pasada contienda contra el régimen somocista. Aunque también hay un empeño en adoctrinar políticamente a todo aspirante que ingresa a esos cuerpos y ese empeño ha surtido sus efectos, de tal manera que policía y ejército, sólo protegen a los OrMu en detrimento del bienestar ciudadano.
El cambio paulatino no se efectuó en el período de doña Violeta, los comandantes de ambas fuerzas también fueron hostiles e independientes en los períodos de Alemán y Bolaños y con el regreso del compa Ortega, las cosas marchan de mil maravillas entre antiguos combatientes y frentistas empedernidos que aún están activos en el servicio militar y policial.
En privado, los comandantes y el Jefe Supremo, no se saludan militarmente, sino más bien con fuertes abrazos, con recordatorios de anécdotas y episodios comunes del pasado. Ortega no necesita exigir fidelidad, ésta viene y se manifiesta espontáneamente de ambas ramas a través de sus jefes, de los cuadros superiores e intermedios por el efecto cotidiano de politización programada hacia la jerarquía, hacia el partido rojinegro. Se trasluce públicamente en las ceremonias y actos públicos y se palpa abiertamente con gestos, estandartes, cantos y bailes alrededor de la figura del dictador.
El general Avilés, hombre fiel y compa querido, luce irremplazable por su fidelidad al tirano; el consuegro Díaz es parte de la familia y no puede desligarse de ella por complicidad y por afinidad. Todo es color rosado en ambas instituciones: bancos, negocios, viviendas, proyectos y cargos públicos a los más connotados en retiro y a punto de retirarse.

Ejército Sandinista de Nicaragua

El período inicial de ejército y policía sandinista se ha consolidado y ya es parte de la longevidad de ambas ramas para celebrar con orgullo partidista, no nacional. Nacieron un 19 y el apelativo nacional sale sobrando, siempre serán orteguistas por el máximo “líder” que esa revolución pudo dar.
Confiar a estas alturas en un comportamiento constitucional, apartidista de ambas fuerzas, es una utopía, y el dictador está más que confiado en ello porque es una incuestionable realidad. Ojalá, las jóvenes generaciones de oficiales escapen a la sistemática politización y le presten atención a la historia pasada para que en realidad se conviertan en verdaderos garantes de la constitución nacional.
La Policía orteguista está manchada de sangre por sus cuatro costados. Los miembros que intentaron rectificar fueron purgados o perecieron en enfrentamientos inventados. El Ejército está metalizado con decenas de negocios, inversiones y privilegios que no pueden arriesgar. Los campesinos en regiones apartadas tienen relatos tristes que contar y a la orden de “ir con todo”, desempolvaron las armas de gran calibre para cumplir misiones de “limpieza” y exterminio contra un pueblo desarmado pudiendo libertad.

Bandera Nicaragüense llena de “Sangre”

En un gobierno democrático, de orden y justicia, esa policía tendrá que desaparecer o ser limpiada en su máxima expresión. Ese Ejército tendrá que ser minimizado en personal, con menos negocios particulares y mayor participación en los retos de ayuda comunal y guerra al narcotráfico que altera el normal desarrollo del país. Será el buen juicio de los futuros gobernantes, el que imprima la institucionalidad castrense y policial en un sentido de servicio nacional y nunca más, partidario para beneficio de tirano alguno. No más “cañas huecas”, sólo servicio y sacrificio por una patria en recuperación.

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